miércoles, 30 de abril de 2014

Al fin y al cabo no estamos tan lejos; los dos vemos la misma luna.

Y entonces llegaste tu y yo ahora ya creo que no soy la misma. 

Los días y las noches cada vez se parecen mas a mi. Hay veces que son grises, lluviosos y apagados y otros alegres, soleados y colorados. Como yo cuando estas aquí. Aunque después de cualquier día vuelve a venir la noche y yo ya.

Llegó como un rayo del sol más bonito del verano o como la sonrisa que ahora me saca la luna al pensar en su nombre, aunque me siga manchando la cara con la lluvia. Mi lluvia. Que ahora, por poco que me digas, vuelvo a tener la ilusión con la que me levantaba hace tiempo, las ganas de verte, de estar entre tus brazos todo el día, de decirte que no que la que gana ahora soy yo, de comerme la cabeza todo el día pensando en si tu sentirás lo mismo que yo, en si me echaras de menos o si tu y yo. Algo.

La puta sonrisa que ahora mismo me acaba de sacar el simple hecho de ver tu nombre reflejado en la pantalla avisandome de que hablas. Tu hablas y yo sonrio como una niña pequeña en su parque favorito, como cuando tu madre te mira y te sonríe desde lo mas bonito y profundo de su alma o como cuando te abrazan por detrás, o te besan inesperadamente. 

O tus putos abrazos, que no se que coño tienen que creo que ya me he vuelto adicta a ellos y a la sensacion que se queda en mi cada vez que. Que eso es lo puto mejor de este mundo y la sonrisa tonta que se me queda en la cara cada vez que me dices algo o cuando así, como las locas me empiezo a reír sola porque me acuerdo de nuestras conversaciones y de todas las sonrisas y carcajadas que me sacas. Es como compararlo cuando mi prima viene y me da un abrazo como si fuese el último y grita que me quiere a través de la ventana y joder, compararte con ella no se me queda corto.

Yo no creo en nada de eso que hay ahí arriba pero creo en ella, en la que ya no esta conmigo y es a ella a quien la hablo y la pido, porque se que ella me escucha allá donde este y que me sigue viendo llorar, reírme, sentir y vivir todo afrontando lo que venga. Y querría verme feliz y sabe que a tu lado lo seria. Así que ahora te toca decidir a ti. El todo o la nada, aunque yo seguiré estando aquí. 

El rayo de sol se esconde por la noche pero cuando se va aparece mi Luna; y a veces entre medias la lluvia, el granizo o la nieve. Se podría decir que contigo soy día y sin ti noche.

Y ahora permiteme ir a ver a la de cada noche, que ya me retraso en la cita diaria.

Te espero en la Luna de siempre, A.

lunes, 28 de abril de 2014

¿Realidad o ficcion?

"Todo estaba oscuro. No sabía donde se encontraba hasta que apareció ella. Su mano no se despegaba del chico más feliz del mundo por estar a su lado; novios dicen. Se iba acercando a la vez que a ella se le aparecía una sonrisa en la cara, no lo podía creer, ellos dos juntos. Pensaba que le dolería más por el mero hecho de que no quería que ninguna de esas dos personas, sus personas, sufrieran. Pero no, se dio cuenta de que no le dolía tanto como veces atrás se imagino de que verles juntos, felices y arriesgando era de lo mejor que le podía pasar. Sus valientes. Su mirada les delataba. Estaban juntos y eran felices. No había más. No necesitaban más.


La chica cuando la vio salió corriendo a su encuentro, sus ojos empezaban a centellear y al reconocerla, rompió a llorar. Era su mejor amiga, no podía creer que ella estuviese ahí. La necesitaba y apareció justo en el momento más necesario. 'Siempre he sido tu luz, como tu decías, ahora no va a ser menos, mi niña preciosa.' Esas palabras fueron el desencadenante de su mar de lágrimas, habían pasado mucho desde el primer día y al verla a su lado, en sus brazos era lo que necesitaba y rompió. Se dieron un abrazo en los que se te unen todos los pedazos rotos. Un abrazo de hermanas.


Salían palabras de sus labios a un ritmo jamás imaginado y es que era hora de soltarlo todo, de decirse todo, pero simplemente reinaban dos palabras que acababan todas las frases. Esas dos palabras que siempre reinaban en sus conversaciones, al final de sus despedidas y las que siempre aparecían en cada momento de animo o simplemente así de la nada; esas dos palabras del libro que las unió "Te quiamo". El sonido favorito de sus oídos. Lo que tanto necesitaban escuchar en persona, la una en frente de la otra.


A la vez que se secaban las lagrimas mutuamente, la chica acercó a su novio y sin añadir nada más la miraron y al unísono le dieron las gracias. No entendía por qué pero solo pudo sonreír y abrazarles. No querían soltarse nunca. Por fin juntas, siempre...


En ese justo momento ella notó como alguien acariciaba dulcemente su hombro a la vez que se agarraba de su cintura y apoyaba la cabeza sobre su cuello. Era alguien más alto que ella. Esas manos abarcaban todo su vientre, eran masculinas y daban la sensación de protección que en ese instante tanto necesitaba ella. Y ahí le reconoció. Era él. Se dio la vuelta para mirarle a los ojos, esos ojos que durante tanto tiempo la volvieron loca.
Se le paró el corazón en el mismo segundo en el que el pronunciaba las palabras que siempre había querido escuchar: 'Estoy aquí pequeñaja, no me iré nunca. He esperado esto mucho tiempo y al fin estoy aquí, contigo, con la niña de siempre, con mi niña. Te quiero' Por un momento se le pasó por la memoria todo lo que había vivido con él y fue entonces cuando, irremediablemente, las lagrimas empezaron a brotar, de nuevo, de sus ojos y terminaban en el mismo punto donde empezaba su sonrisa, ahora pegada a la de él fundiéndose en el beso más bonito y sincero que nunca había dado. Y era él.


Cuando al fin se separó de sus brazos atisbó dos siluetas que poco a poco se acercaban más y más a ella. Cuando consiguió distinguirlas no se podía creer lo que veía, eran ellas. Las dos chicas que nunca dejaría, con las que tanto ha pasado y que nunca se perderían nada de su vida. Pudo correr entonces y lanzarse a sus brazos como si no hubiese un mañana. Las tenía a ellas y entonces ya era completa y absolutamente feliz. Mientras lloraba no dejaba de decirlas lo muchísimo que las quería y las daba las gracias por todo. Se soltó de sus brazos, las llevó junto con los demás y volvió a entrelazar su mano a su amor verdadero. A él.


No quería nada más. Tenía a sus personas, a las tres mejores chicas que podía haber en el mundo. Sus tres mejores amigas, el chico que desde un principio estuvo ahí y el amor del único chico al que amó siempre. No podía creerlo. Simplemente su mente no albergaba ese espacio en el que piensas que puedes llegar a ser feliz, no después de tanto. Siempre llegaría algo malo, nada es para siempre.


Y fue en ese momento cuando apareció la oscuridad otra vez. Las inseguridades, los miedos, los llantos y el dolor. El dolor de ver como poco a poco se iban alejando de ella las personas que más quería. El dolor de ver a sus mejores amigas marchar. El dolor de ver al amor de su vida irse. El dolor que sentía cada vez que cada uno de ellos se iba desprendiendo de sus manos poco a poco. No sabía ni el cómo ni el por qué. Solo sabía que las lagrimas habían vuelto a su rostro pero ya no eran de felicidad ahora eran de la pena y el dolor más grande que puede haber. La pérdida de lo más valioso que había tenido nuca; el amor y la amistad.


Solo podía ver como el suelo le iba arrebatando cada vez más a lo mejor de su vida y por mucho que corriera no volvía a alcanzarlo, cada vez estaban más lejos y la angustia aumentaba por segundos. Les perdía. Les perdía y no podía hacer nada por recuperarlos. Ya no había más, se habían ido. Cayó al suelo de rodillas mientras gritaba hasta quedarse sin voz y las lágrimas corrían y corrían por sus mejillas. Lo había perdido todo."


Abrió los ojos sobresaltada en la cama, la almohada estaba inundada en lagrimas, su rostro empapado, el pelo como recién salido de la ducha y toda ella envuelta en sudor. Había   sido el sueño más angustioso y aterrador de toda su existencia. Sus mayores deseos y sus mayores miedos. Su sueño convertido en pesadilla.


Se sentó sobre el lateral de la cama. No se creía nada. Eso no podía pasarle a ella. Ahora ya estaba sola. No tenía nada que perder. No tenía a nadie a quién perder. y lloraba cada noche por ello. Se levantó y se dirigió hacia el baño, lavo su cara y atisbó su reflejo en el espejo. No supo definirlo. Intentó auto engañarse mostrando una sonrisa a la persona que tenía enfrente. Pero fue inútil; a los pocos segundos volvió a derrumbarse. Se dirigió hacia su cama, cogió su peluche, lo único que abrazaba desde hacia ya un tiempo y allí con el sabor de él en sus labios y el recuerdo del tacto en sus manos de las personas que más quiere, se perdió hasta volver a quedarse dormida a pesar del miedo que tenía. Eran las cinco de la mañana, todavía le quedaban dos horas para despertarse y enfrentarse a la vida real, que desde hacía un rato la esperaba. Hoy, como otros días, sabía que no iba a poder. Pero no había más remedio. 'Por ellos' y así cada día.


                                                                                        
                                                                                                                             A.