martes, 6 de enero de 2015

Venecia se inunda.

Creo que, siendo sincera, no (P)uedo vivir sin mi mejor amiga... 
Vale que parecerá una chorrada, que no sintáis lo mismo y un millón de etcéteras más, pero yo sin mi media alma no puedo vivir. Lo dijo una vez "y es que cuando no estamos juntas el mundo se nos viene encima" y que razón tenia... "Que cuando estamos separadas, nada en nuestras vidas sale bien" también me lo solía decir y yo lo único que hacía era asegurarme de que nunca se fuese de mi lado... 
Podría hablar de ella hasta que se me hiciera de día, pero paso de que os enamoréis, mi sugus (hasta donde yo sabia) es solo mía. Si me lees, que sepas que te echo de menos, que me alegro de verte tan feliz y que te sigo queriendo con locura...

Estoy enamorada, eso también cuenta mucho a la hora de escribir pero tambien debo decir que sin él, si él tampoco estuviera metido de lleno en mi vida, nada de ésta tendría sentido, y mucho menos valor. ¿Adolescencia? puede ser, no os digo que no; pero saber que le quiero como nunca he querido, eso lo puedo decir con total seguridad y os prometo que no me equivoco. 

Para mi, el amor, es una de las pocas cosas que te pueden salvar de todo, e incluso hasta de uno mismo. El amor rompe barreras, muros, kilómetros, heridas, pasados y, si te dejas, te cura todas y cada una de las cicatrices que la vida te ha regalado. Para mi, el amor, es una de las cosas más bonitas del mundo pero tambien me atrevo a decir que una de las más dolorosas... Pero, en realidad, para mi, el amor, es mi salvavidas.

Y te da miedo, y tiemblas.

Tiemblas porque tienes miedo de todo, porque has estado llorando y no puedes con nadie, porque hoy a los monstruos les ha dado por despertarse con fuerza, porque llevas todo el día jodida, porque va ha hacer un mes desde que no hablas con esta persona que necesitas todos los días de tu vida, porque echas de menos a esa persona desde el primer minuto en el que te levantas hasta la última lágrima en la que ya cierras los ojos por agotamiento, porque a esa misma persona, a la única, le dijiste que morías si la perdías y mírate ahora, muriendo cada día un poquito más...

 Tiemblas porque te sientes como un juguete, porque estas pero no estas, porque las miradas matan o hacen que te auto destruyas lo suficiente como para acabar en Venecia cada noche, porque no puedes vivir sin él, porque estas han sido una de las peores Navidades de tu vida, porque no sabes nada de lo que tienes, porque no crees que valgas nada, porque no valoras las cosas bonitas de la vida, porque, simplemente, estas rota.

Puedes estar rota por millones de cosas, pero si encima de estar jodida por amor le sumas problemas familiares, enfermedades que te consumen por dentro en las que un día sin querer entraste y ahora es muy tarde para salir, problemas sociales, económicos, problemas de amistades, en fin, la vida en general y llega tu época de la "adolescencia" y le sumas todo eso lo único que te apetece durante todo el día es estar metida en las profundidades de tu habitación, especialmente de la cama.

Y entonces ahí vuelves a temblar, por todo o por más; y sin darte cuenta, has vuelto a caer.

(P)odrías volver, que la vida se me hace menos dura si estas a mi lado, si me despiertas cada mañana, si me aguantas como sabes, si estas, en general. 
Y él, que nunc(A) se vaya...

Lo único que me queda por decir es que yo esta noche, como tantas, estoy temblando. Y que, hoy, Venecia se inunda.

domingo, 22 de junio de 2014

Escenas que marcan y te marcan.

-¿Como estas?

+Bueno... ¿Tu?

-¿Que te pasa?

Y justo aquí es donde o lo sueltas todo o empiezas a mentir/disimular/fingir, como lo queráis llamar. Porque simplemente hay veces que no. Que no puedes más, que quieres decir que no a todo y a todos, que quieres irte, desaparecer, pero no puedes... Hay veces que la contestación a la segunda pregunta es monótona y aburrida pero prefieres eso a que te pregunten o a preocuparles, prefieres un "nada, cansancio :)" o simplemente "no tiene importancia, un mal día.", porque no sabes ni cómo estas, porque crees que hoy no, que mejor mentirles y no decir nada de lo que piensas o sientes, te limitas a acabar todas las frases con emoticonos o riéndote pero no mucho más allá sabes lo que te pasa, o quien te pasa, sabes cada uno de los motivos por los que estas mal, por los que ya desde hace un mes no eres la misma de siempre, por los que te preocupas, por quien o por quienes sigues aquí... Sabes que en verdad, todo lo que te pasa, lleva nombres y apellidos.


Acabas dándote cuenta que esa es la pregunta que más daño te puede hacer, porque siempre te puede romper un poquito más o arreglarte algo de eso que te rompió. Puedes acabar desahogándote sobre cualquier cosa pero la mayoría de las veces acabas llorando y un poco más rota porque lo has dicho, lo has soltado todo y ahora si que parece real... (y nunca quisiste que fuera así) Tus pedacitos se rompen más y más y sabes el motivo, ese por el que lloras cada noche o cuando escribes (como ahora), ese por el que cuando lo ves por los pasillos, las calles o las fotos, te trae millones de recuerdos y palabras y acabas sonriendo, pero siempre, siempre con la lágrima en el ojo porque no puedes hacer otra cosa que sentir un mar de emociones y sentimientos que te inundan y por supuesto por todo el daño que hace aun sin saberlo mientras tu deseas ser "la reina de sus sueños".

 Sueles pensar si pensará en ti, si te echará de menos, si seguirá durmiéndose y despertándose pensando en ti, si se acordará de cómo se reía en frente de una pantalla y tu detrás de esta, si recordará alguna de vuestras conversaciones, si algún día te dirá que si, que eres tu, su única y que a la mierda con el resto, que las demás no valen nada comparado con tus ojos o tu sonrisa, que eres la mejor y que eres toda suya... Sigues queriendo representar la escena de"tres metros sobre el cielo"en la que el chico malo llama fea a la niña buena, y mírate, tu ahí queriendo ser ella y que aparezca él, tu niño malo.. que se acerque por detrás y que te bese el cuello, que te abrace, te levante y te diga que te quiere mirándote a los ojos pero entonces viene realidad y te despierta. Te das cuenta de que no es de esos o eso dicen, pero aún así sabes que iras a todos y cada uno de sus "ven" o "vuelve" porque estas loca. Por él. Y creerme, sé lo que duele eso. Y si os identificáis, estáis jodidas. Mucho.


No pensaste que sería así, que tendrías que ocultarle cosas al mundo o incluso a ti misma para que no te dijeran lo que temes oír, aunque duela. Pero sabes que te va a doler  y entonces es cuando, como cobardes, nos callamos las cosas. Y vuelve el puto miedo y las ganas de llorar y... Venecia. 


Solo repito que dije que no me rendiría y aquí estoy. Aquí me tienes. Que dije que lucharía contra todas las que vinieran y sigo manteniendo mi palabra, vale mucho, y más cuando se trata de ti. Y me lo dicen. Y entonces tu nombre duele. Dueles. Pero quiero seguir aquí. 

Solo decirle a todas y cada una de ellas que si en esto de quererte e intentar saber que te haría feliz, en que seria la chica que dices necesitar y en las ganas de verte, de abrazarte y de que vuelvas me acaban ganando, que antes de que se vallan me prometan que se dejarán la
puta vida en hacerte feliz. Y si no déjame a mi encargarme de eso y no haré que me prometan nada que yo solita pueda hacer.

Siempre tuya...

domingo, 25 de mayo de 2014

A veces o casi siempre II

Miedo...


Creo sinceramente que tener miedo es una de las cosas más naturales y sencillas del mundo. Desde que nacemos vivimos con miedo, supongo que sino no naceríamos llorando (ja, parece que al principio hasta nos damos cuenta de la que se nos viene encima). Miedo a que no nos quieran, miedo al rechazo, miedo a la indiferencia, miedo a perder a alguien que amas o que no sabrías que hacer ni por donde seguir sin esa persona, a la inseguridad, a la ignorancia, a las ganas de hacer algo, a querer, a necesitar, a los besos, a los abrazos, a los llantos, a las dudas, a las miradas, a las sonrisas, al vacío, a no ser tu, a las apariencias y a un larguísimo etcétera que sería interminable. Tenemos miedo del miedo. E incluso a veces pánico de nosotros mismos.


Pero que te quiten el miedo... Dios... esa es una de las mejores sensaciones que puede haber. Habrá miles y miles de maneras, pero creo que las que yo conozco deben de estar entre las mejores de la infinita lista....
Que te quiten el miedo a ser tu con un abrazo, que te quiten el miedo a amar con un beso, que te quiten el miedo a seguir con palabras, que te quiten el miedo de los secretos con una simple mirada cómplice, que te quiten las ganas de desaparecer secándote las lágrimas, que te miren a los ojos, que te digan te quiero desde lo más profundo del que siente, que te digan la verdad, que te den una buena noticia, que te amen, amar, etc.


A mi si cuando me vayan a quitar los miedos lo hacen así, que me hagan valiente a base de besos, abrazos, miradas y te quieros. Siempre...


Pero (y sí, por mucho que no me guste, y lo odio, siempre tiene que haber un pero) al igual que que te quiten el miedo es una de las mejores sensaciones, tenerlo es de las peores que puede haber. El miedo a todo y a nada a la vez. Yo creo que el mayor miedo que puede haber es el de perder a una persona que día tras día te mantiene en pie, te hace seguir, te sonríe, te mira, te busca, te quiere y tu lo sabes, miedo a perder a una persona que te da la vida día a día; creo y me atrevo sin ningún problema a decir que ese es el mayor miedo que puede haber. No es el de quedarte solo o el miedo a la soledad; sino el de perder a alguien que verdaderamente quieres... Y creedme no es nada fácil convivir con él. Por desgracia o suerte, quien sabe, lo sé. Pero lo peor que puedes hacer en esos casos es no darte cuenta de lo que tienes hasta que lo hayas perdido, esa si que es la máxima tontería que puedes hacer porque entonces, ahí si que es verdad que no te va a servir de nada llorar o arrepentirte; en verdad en ningún caso te sirve de nada si estas segura de que no volverá, pero aún así lo haces.


A veces vuelve, pero no os olvidéis de que todo lo que viene se va. Por eso yo siempre intento guardar lo máximo que puedo de cada persona dentro de esa caja de cristal que hay en mí; así, cuando se vayan, porque todos lo acabamos haciendo, siempre podré abrirla, con muchísimo cuidado para no volver a separar los pedacitos rotos, y poder decir "Joder, que feliz fue aquí o con esta persona." Y creo que ya la cajita de cristal no acepta recuerdos malos porque una de las tantas veces que se rompió fue por la saturación que había de ellos; así que ahora solo deja pasar a los buenos. Los malos suben hacia arriba y se expresan, aún por desgracia, en lluvia. Pero bueno, dicen que después de la tormenta llega la calma ¿no?
                                                                                               A.

miércoles, 21 de mayo de 2014

A veces o casi siempre I

Muchas veces así, sin pensarlo, te pones delante de una pantalla o un folio improvisando para ver lo que te sale, otras tantas necesitas hacerlo por el mero hecho de desahogarte en algo, ya que nadie esta ahí. Las segundas son muy jodidas y solo tienes dos opciones; o te quedas bien y sin nada dentro o acabas más rota de lo que estabas y únicamente con ganas de lanzarte sobre la cama y llorar. No me preguntéis por que pero siempre solemos acabar peor.


A veces simplemente necesitas sacarlo todo, llorar, gritar, discutir, arrepentirte, abrazar, besar, pegar, dormir, lesionarte, compadecerte, sentirte útil, dejar de ser la chica frágil con la que todo el mundo juega, no sentir pena de ti misma, querer ser algo más de lo que una vez fuiste, necesitar cariño, amor, ternura, necesitar que te quieran, que te necesiten, que te digan un "no cielo, no te preocupes, deja de llorar, todo saldrá bien. Yo me quedaré aquí, contigo." y punto. Siempre crees que lo necesitas, siempre piensas que vendrán y te lo soltarán, siempre crees que puede llegar ese alguien que te soluciona la vida, te la arregla un poco más o simplemente te deja un poquito más todo patas arriba, pero para luego quedarse entre tus piernas...


Y sueles esperar a ese alguien, aunque al principio pienses que te da igual quién venga y te lo diga, sabes que no, que siempre querrás a una persona en concreto, a ese alguien de verdad, puede que sea tu novio, tu mejor amiga, algún familiar, alguien a quien quieras de corazón, esa persona especial para ti, ese chico que te vuelve loca, ese... imprescindible.


Pero hay momentos en los que, mientras esperas a ese alguien con los brazos abiertos, pasan tantas personas para acurrucarse en ellos por un tiempo y después irse que cuando quieres darte cuenta los brazos ya no están tan abiertos y tu sonrisa ya no ocupa la mayor parte de tu rostro, ni tus ojos dibujan esa alegría perfecta de esperar a esa persona,  ni tus abrazos esperan con tanta ansia y tus piernas están cansadas de estar de pie, ya no pueden más y te acaban diciendo que te rindas que ya no quieren a nadie que se quede todas las noches, pero claro, es que ellas siempre duermen y tienen a quien abrazar, nunca se quedan solas. Y es en ese preciso momento en el que te das cuenta de que siempre se puede un poquito más, de que siempre habrá ese "que sin ti no, no me da la gana" que te de la puta vida, aunque a los cinco minutos te la quite de golpe, pero esos cinco minutos han sido los que te han hecho sonreír y sabes que pase lo que pase merecerá la pena. Por eso te quedas, esperas, aguantas y sacrificas todo lo que tienes por ese especial que sabes que en algún momento tiene, o más bien, debe aparecer. Porque tu lo vales y te lo mereces, porque piensas y entonces te das cuenta del "¿y por qué yo no?" que tantas veces se quedo en la primera interrogación pero ahora, gracias a él, podrás seguir todo lo que quieras, porque te ha enseñado muchas cosas aunque no lo sepa, porque por el mero hecho de estar aún sin saber nada ya merece la pena, porque sabes que como él pocos, porque te das cuenta de que tu sin él no eres nada, porque simplemente es tu imprescindible.


Siempre te quedará esa espinita clavada de la inseguridad, y a veces hace tanto daño que piensas y crees que vuelves a hundirte y es ahí cuando debes parar y decirte a ti misma que no, que tu vales muchísimo más que para acabar encerrada en el baño, que vales muchísimo más en todos y cada uno de los aspectos de la vida, que vales muchísimo e infinitamente más que toda esta puta mierda que te rodea. Que tú eres tú y que siempre va a haber alguien que te necesite para seguir adelante, que por muy mal que estés alguien siempre te va a necesitar, a ti y a tu sonrisa porque puede que ésta ilumine su mundo, que únicamente tu seas su imprescindible... que no debes de sentirte como una puta mierda cada vez que empieces a querer y de la noche a la mañana todo cambie, que seguramente no seas tu, sea la otra persona la que hace que cambie todo, porque tu sabes perfectamente que no quieres que nada cambie, que me atrevería a decir que la mayoría de las veces que empezamos a querer a alguien no surge así de la nada si no que siempre es porque la otra persona te enseña a quererla y te hace que la quieras, que no hace falta conocer a nadie tan profundamente como para decirle "te quiero", dos semanas, un mes por supuesto que sí, eso si que es demasiado poco tiempo por el simple hecho de que no te da tiempo a conocerle... ¿seis meses? ¿un año? ¿De verdad creéis que eso es tiempo insuficiente para decirle a una persona "te quiero"? A lo mejor puede que sea yo la loca pero opino que eso es tiempo suficiente para entender y saber como es la persona a la que se lo estas diciendo, y, quien sabe, puede que esa persona necesite escucharlo de tus labios.


Te arriesgas muchísimo, ¿a perderlo? puede ¿a que te corresponda? quien sabe ¿a que se quede y todo siga igual? si es de verdad buena persona y le importas lo suficiente como para que quiera que te quedes a su lado, lo hará; y le dará igual cualquier tipo de comentario, experiencia o pasado que tengas, se quedará y tu con él.


Y es verdad que muchas veces nos callamos por miedo, pero... ¿sin miedo que habría? Tener miedo y que te lo quiten, de cualquier manera y cualquiera de las personas que mas puedes o llegas a querer, es de lo mejor que puede haber en este puto mundo, a parte de su sonrisa y sus ojos. 


Pero eso... eso ya da para otra entrada y en esta ya debéis de estar aburridos. Prometo seguirla.
                                                                                        Gracias, A.

miércoles, 30 de abril de 2014

Al fin y al cabo no estamos tan lejos; los dos vemos la misma luna.

Y entonces llegaste tu y yo ahora ya creo que no soy la misma. 

Los días y las noches cada vez se parecen mas a mi. Hay veces que son grises, lluviosos y apagados y otros alegres, soleados y colorados. Como yo cuando estas aquí. Aunque después de cualquier día vuelve a venir la noche y yo ya.

Llegó como un rayo del sol más bonito del verano o como la sonrisa que ahora me saca la luna al pensar en su nombre, aunque me siga manchando la cara con la lluvia. Mi lluvia. Que ahora, por poco que me digas, vuelvo a tener la ilusión con la que me levantaba hace tiempo, las ganas de verte, de estar entre tus brazos todo el día, de decirte que no que la que gana ahora soy yo, de comerme la cabeza todo el día pensando en si tu sentirás lo mismo que yo, en si me echaras de menos o si tu y yo. Algo.

La puta sonrisa que ahora mismo me acaba de sacar el simple hecho de ver tu nombre reflejado en la pantalla avisandome de que hablas. Tu hablas y yo sonrio como una niña pequeña en su parque favorito, como cuando tu madre te mira y te sonríe desde lo mas bonito y profundo de su alma o como cuando te abrazan por detrás, o te besan inesperadamente. 

O tus putos abrazos, que no se que coño tienen que creo que ya me he vuelto adicta a ellos y a la sensacion que se queda en mi cada vez que. Que eso es lo puto mejor de este mundo y la sonrisa tonta que se me queda en la cara cada vez que me dices algo o cuando así, como las locas me empiezo a reír sola porque me acuerdo de nuestras conversaciones y de todas las sonrisas y carcajadas que me sacas. Es como compararlo cuando mi prima viene y me da un abrazo como si fuese el último y grita que me quiere a través de la ventana y joder, compararte con ella no se me queda corto.

Yo no creo en nada de eso que hay ahí arriba pero creo en ella, en la que ya no esta conmigo y es a ella a quien la hablo y la pido, porque se que ella me escucha allá donde este y que me sigue viendo llorar, reírme, sentir y vivir todo afrontando lo que venga. Y querría verme feliz y sabe que a tu lado lo seria. Así que ahora te toca decidir a ti. El todo o la nada, aunque yo seguiré estando aquí. 

El rayo de sol se esconde por la noche pero cuando se va aparece mi Luna; y a veces entre medias la lluvia, el granizo o la nieve. Se podría decir que contigo soy día y sin ti noche.

Y ahora permiteme ir a ver a la de cada noche, que ya me retraso en la cita diaria.

Te espero en la Luna de siempre, A.

lunes, 28 de abril de 2014

¿Realidad o ficcion?

"Todo estaba oscuro. No sabía donde se encontraba hasta que apareció ella. Su mano no se despegaba del chico más feliz del mundo por estar a su lado; novios dicen. Se iba acercando a la vez que a ella se le aparecía una sonrisa en la cara, no lo podía creer, ellos dos juntos. Pensaba que le dolería más por el mero hecho de que no quería que ninguna de esas dos personas, sus personas, sufrieran. Pero no, se dio cuenta de que no le dolía tanto como veces atrás se imagino de que verles juntos, felices y arriesgando era de lo mejor que le podía pasar. Sus valientes. Su mirada les delataba. Estaban juntos y eran felices. No había más. No necesitaban más.


La chica cuando la vio salió corriendo a su encuentro, sus ojos empezaban a centellear y al reconocerla, rompió a llorar. Era su mejor amiga, no podía creer que ella estuviese ahí. La necesitaba y apareció justo en el momento más necesario. 'Siempre he sido tu luz, como tu decías, ahora no va a ser menos, mi niña preciosa.' Esas palabras fueron el desencadenante de su mar de lágrimas, habían pasado mucho desde el primer día y al verla a su lado, en sus brazos era lo que necesitaba y rompió. Se dieron un abrazo en los que se te unen todos los pedazos rotos. Un abrazo de hermanas.


Salían palabras de sus labios a un ritmo jamás imaginado y es que era hora de soltarlo todo, de decirse todo, pero simplemente reinaban dos palabras que acababan todas las frases. Esas dos palabras que siempre reinaban en sus conversaciones, al final de sus despedidas y las que siempre aparecían en cada momento de animo o simplemente así de la nada; esas dos palabras del libro que las unió "Te quiamo". El sonido favorito de sus oídos. Lo que tanto necesitaban escuchar en persona, la una en frente de la otra.


A la vez que se secaban las lagrimas mutuamente, la chica acercó a su novio y sin añadir nada más la miraron y al unísono le dieron las gracias. No entendía por qué pero solo pudo sonreír y abrazarles. No querían soltarse nunca. Por fin juntas, siempre...


En ese justo momento ella notó como alguien acariciaba dulcemente su hombro a la vez que se agarraba de su cintura y apoyaba la cabeza sobre su cuello. Era alguien más alto que ella. Esas manos abarcaban todo su vientre, eran masculinas y daban la sensación de protección que en ese instante tanto necesitaba ella. Y ahí le reconoció. Era él. Se dio la vuelta para mirarle a los ojos, esos ojos que durante tanto tiempo la volvieron loca.
Se le paró el corazón en el mismo segundo en el que el pronunciaba las palabras que siempre había querido escuchar: 'Estoy aquí pequeñaja, no me iré nunca. He esperado esto mucho tiempo y al fin estoy aquí, contigo, con la niña de siempre, con mi niña. Te quiero' Por un momento se le pasó por la memoria todo lo que había vivido con él y fue entonces cuando, irremediablemente, las lagrimas empezaron a brotar, de nuevo, de sus ojos y terminaban en el mismo punto donde empezaba su sonrisa, ahora pegada a la de él fundiéndose en el beso más bonito y sincero que nunca había dado. Y era él.


Cuando al fin se separó de sus brazos atisbó dos siluetas que poco a poco se acercaban más y más a ella. Cuando consiguió distinguirlas no se podía creer lo que veía, eran ellas. Las dos chicas que nunca dejaría, con las que tanto ha pasado y que nunca se perderían nada de su vida. Pudo correr entonces y lanzarse a sus brazos como si no hubiese un mañana. Las tenía a ellas y entonces ya era completa y absolutamente feliz. Mientras lloraba no dejaba de decirlas lo muchísimo que las quería y las daba las gracias por todo. Se soltó de sus brazos, las llevó junto con los demás y volvió a entrelazar su mano a su amor verdadero. A él.


No quería nada más. Tenía a sus personas, a las tres mejores chicas que podía haber en el mundo. Sus tres mejores amigas, el chico que desde un principio estuvo ahí y el amor del único chico al que amó siempre. No podía creerlo. Simplemente su mente no albergaba ese espacio en el que piensas que puedes llegar a ser feliz, no después de tanto. Siempre llegaría algo malo, nada es para siempre.


Y fue en ese momento cuando apareció la oscuridad otra vez. Las inseguridades, los miedos, los llantos y el dolor. El dolor de ver como poco a poco se iban alejando de ella las personas que más quería. El dolor de ver a sus mejores amigas marchar. El dolor de ver al amor de su vida irse. El dolor que sentía cada vez que cada uno de ellos se iba desprendiendo de sus manos poco a poco. No sabía ni el cómo ni el por qué. Solo sabía que las lagrimas habían vuelto a su rostro pero ya no eran de felicidad ahora eran de la pena y el dolor más grande que puede haber. La pérdida de lo más valioso que había tenido nuca; el amor y la amistad.


Solo podía ver como el suelo le iba arrebatando cada vez más a lo mejor de su vida y por mucho que corriera no volvía a alcanzarlo, cada vez estaban más lejos y la angustia aumentaba por segundos. Les perdía. Les perdía y no podía hacer nada por recuperarlos. Ya no había más, se habían ido. Cayó al suelo de rodillas mientras gritaba hasta quedarse sin voz y las lágrimas corrían y corrían por sus mejillas. Lo había perdido todo."


Abrió los ojos sobresaltada en la cama, la almohada estaba inundada en lagrimas, su rostro empapado, el pelo como recién salido de la ducha y toda ella envuelta en sudor. Había   sido el sueño más angustioso y aterrador de toda su existencia. Sus mayores deseos y sus mayores miedos. Su sueño convertido en pesadilla.


Se sentó sobre el lateral de la cama. No se creía nada. Eso no podía pasarle a ella. Ahora ya estaba sola. No tenía nada que perder. No tenía a nadie a quién perder. y lloraba cada noche por ello. Se levantó y se dirigió hacia el baño, lavo su cara y atisbó su reflejo en el espejo. No supo definirlo. Intentó auto engañarse mostrando una sonrisa a la persona que tenía enfrente. Pero fue inútil; a los pocos segundos volvió a derrumbarse. Se dirigió hacia su cama, cogió su peluche, lo único que abrazaba desde hacia ya un tiempo y allí con el sabor de él en sus labios y el recuerdo del tacto en sus manos de las personas que más quiere, se perdió hasta volver a quedarse dormida a pesar del miedo que tenía. Eran las cinco de la mañana, todavía le quedaban dos horas para despertarse y enfrentarse a la vida real, que desde hacía un rato la esperaba. Hoy, como otros días, sabía que no iba a poder. Pero no había más remedio. 'Por ellos' y así cada día.


                                                                                        
                                                                                                                             A.

lunes, 10 de marzo de 2014

Color fosforito.

Otra de las cosas que espero que ninguna entienda como nosotros. 

Ese color fosforito, es promesa, lo juro.

Que hoy ya es once y ya han pasado ocho meses de todo, y cómo no A echándolo de menos. Echandote a ti de menos. ¿Sabes que? Sigo teniendo en mis manos tu regalo cada noche, sigo pintandome las uñas, sigo durmiendome con tu camiseta cada madrugada, sigo saliendo los sábados a las dos de la mañana al jardín a mirar las estrellas para ver si en una de estas apareces por detrás con tu pijama y te tumbas a mi lado mientras me dices que todas esas se quedan pequeñas comparadas con mi sonrisa, que me quieres y me abrazes hasta no soltarme nunca, quedarme a tu lado, apoyada en tu pecho hasta el ultimo día, seria lo mejor de mi vida; sigo escribiendo mientras escucho aquella canacion que me dedicaste y que tatareaste tumbado en mi cama, sigo aquí y por ti juraría que nunca abandonaría pero si se trata de irse quedate tu, yo me voy. Dicen que no hay sitio para los dos y se ve claro quien sobra. 

Sigo con la esperanza a trazos y la ilusión a golpes esperando el momento en el que se acabe todo esto, y de una vez por todas consiga ser feliz. Solo pido que sea a tu lado, que hagamos un "para siempre" de verdad. Uno. Que cumplamos nuestras promesas y que no seamos como todos los que ahora las rompen. Tu no eres de esos y yo no soy de las que prometen amor eterno sin sentir nada ni saberlo todo, a ti te lo jure. Que yo quiero y te quiero. Que nunca lo he necesitado tanto ni pedido nada con lágrimas en los ojos y tu fuiste el primero. El primero de tanto. El primero de todo. Ojala fueses también el ultimo...

Sigo mirando a la luna con los mismos ojos que te miraba ti, con la misma mirada de encantamiento, enamoramiento e inociencia que tus ojos me arrancaban con solo un segundo de tus admirables vistas. Sigo llorando cada vez que la miro y sigo sintiéndome frágil sabiendo que siempre me recordara a ti. Sigo admirándola con delicadeza por si acaso se rompe, porque con una de las dos rotas ya vale. Sigo contemplandola con un piano sonando de fondo en mis auriculares, con la manta por encima, con la sonrisa rota y tonta y las lágrimas resbalando por donde siempre fue tu sitio: mis labios. 

Sigo queriendote, sigo amándote.


"Siempre tuya.
Siempre mio.
Siempre nuestros."
              
                    Mi amada inmortal- L.Beethoven 

Siempre me encantó este poema, siempre será mi verdad.

A.